Confinamiento, reclusión, quédate en casa… En tiempos del coronavirus las casas se han convertido en más que cuatro paredes que separan o aíslan. Durante unas cuántas semanas, acogieron y tuvieron más vida, aunque no entendamos la vida sin pisar la calle. Fueron pasando las semanas, y el tiempo pesaba. Parecía que ya no llegaban tantos mensajes, se iban espaciando, como las llamadas, y la espera se alargaba. Se acabó el confinamiento, volvió la calle, horarios y fases, las terrazas, las playas… pero la casa seguirá siendo, quizá ahora más que nunca, un refugio, una cabaña, un encuentro con nuestro tiempo.

Un tiempo hasta para el silencio, aunque las voces se reparten por los rincones de la casa. Un tiempo para la lectura en silencio. Un tiempo para la quietud. Y sobre esta quietud se ha publicado ”Elogio de la quietud” en la editorial Círculo de Tiza. Su autor es Pedro García Cuartango, burgalés de Miranda de Ebro, periodista de largo recorrido en El Mundo, de donde salió, despedido siendo director, para fichar por el diario ABC.

Confiesa Cuartango que siempre ha leído “por pura pasión, por el goce inmenso del tacto del papel y por la curiosidad de poder penetrar en los secretos de existencias ajenas o de viajar a lejanos confines”.

Dice con acierto Jesús Fernández Úbeda, a través de un artículo en Zenda, que Cuartango es “un sabio sin ínfulas, que ha vivido y ha leído y ha visto y ha oído mucho y bueno, y esta experiencia, este empirismo, efluye verdadero en las páginas de su última obra. Se nota. No hay artificios”. Y todo lo vivido, leído, visto y oído por Cuartango aparece recogido en esta selección de artículos en un libro que recomiendo y con el que se aprende y se piensa.

                                                                                                                                      Foto ABC

Se aprende con referencias a Marcel Proust, Jean Paul Sartre, Kierkegaard, Hegel, Blaise Pascal, Gilles Deleuze y la Universidad de Vincennes, la música de Juliette Gréco y Miles Davis, la pintura de Sisley, la librería parisina “Shakespeare and Company”, Leibniz y Spinoza, Levi-Strauss, Descartes, Albert Camus, Gino Paoli y Bertolucci, los cines de pueblo, Tete Montoliu, Bill Evans, Blossom Dearie, Thomas Mann, … y más nombres, autores, escritores, libros, lugares,

No tan de acuerdo con Fernández Úbeda cuando advierte que “aquel que prefiera la evasión durante este periodo, encontrará mejor refugio, qué sé yo, en una novela de aventuras o en una novela histórica (…) Bienaventurados quienes afronten desde ya sus páginas”. Quizá fuera también un buen refugio esas páginas para esas semanas de reclusión, de silencio, de soledad forzada y buscada para pensar y reflexionar.

Y hacerlo sobre “la sensación de la brevedad de la vida al cumplir años. Quizá sea esa la razón de mi incurable nostalgia, de esa necesidad de buscar el sentido del presente en un pasado cada vez más lejano y borroso”. Porque “la realidad es algo que cambia a notable velocidad, mientras que nuestra mente sigue anclada en el pasado”. Y llega ese momento cuando descubrimos que “disponemos de un tiempo limitado que se va agotando. La infancia se aleja, la juventud aparece como algo difuso y nos acercamos al final de nuestra vida con la sensación de que todo ha pasado demasiado rápido”. Y no olvidemos que “el futuro es ya pasado, pero la vida recomienza todos los días (…) Todavía el futuro está en nuestras manos”.

Así que no dejen pasar la lectura de estas páginas. Porque con este libro se aprende, se piensa, se reflexiona, se recuerda, se añora, en definitiva, se vive.

En unos tiempos en los que las redes sociales y las nuevas tecnologías han desplazado a los medios de información convencionales y en los que resulta cada días más difícil distinguir entre la verdad y la mentira, me parece necesario reivindicar los libros, los periódicos de papel y la lectura. Creo que ninguna persona que tenga el hábito de leer e informarse puede ser manipulada mediante la propaganda que invade nuestra intimidad”. Palabra de Cuartango.