El coronavirus está arrasando y trastocando todo lo que habíamos conocido hasta ahora. Y también sus efectos han llegado al Camino de Santiago. Cerrado, hasta nuevo aviso. Y ése cierre lleva a la crisis más dura y real a los albergues, hostales, bares, restaurantes, fisioterapeutas, tiendas y demás establecimientos y negocios que existen en torno a la ruta.

Algunos albergues han tenido que abrir para atender a gente que se ha visto sin recursos, o sin más recursos aún. Y en otros, como en la provincia de Salamanca,  algunos peregrinos han tenido que quedarse en un albergue porque el Estado de Alarma no les ha permitido volver a sus lugares de origen.

Aunque hay gente que apuesta por recuperar esta senda a partir del mes de octubre. Mientras, nos da tiempo para reflexionar sobre algunas cosas que deben o deberían cambiar en el Camino. Y que seguro que lo harán. Como es el caso del alojamiento.

A este cambio que se producirá en el alojamiento, y no será el único aspecto afectado, se ha referido quien mejor conoce y ha recorrido las diferentes rutas del Camino de Santiago, el escritor Antón Pombo. En un artículo publicado en la web Gronze afirma: “No vamos a negar que cierto tipo de albergue de dormitorios colectivos multitudinarios tiene los días contados, pero no tanto por el coronavirus, un mero acelerador, sino por una tendencia ya en marcha desde hace tiempo. Porque una cosa es la disposición a compartir un espacio con otros compañeros de viaje, sea por hacernos partícipes del espíritu austero del Camino, sea para ahorrar, que de todo hay, y otra muy distinta meterse en ciertos albergues-trampa con docenas de literas apiñadas, que no ofrecen mucha seguridad en el caso, por ejemplo, de que fuese necesaria una evacuación urgente

Esas imágenes corresponden a un albergue en Portomarín, de junio de 2013. Pero advierte Pombo, y con razón, que “convertir a los albergues en cabeza de turco de un posible riesgo de contagio es algo completamente simplón, injusto y me atrevería a escribir que perverso. Ni desinfectando a diario, ni tomando todas las precauciones con el personal o los hospitaleros, ni reduciendo la capacidad de los espacios, ni poniendo jabón desinfectante y mascarillas por doquier, se podrá garantizar al 100%, en ningún tipo de alojamiento, la inmunidad”.

Y mientras, ante las dificultades que supondría volver a caminar hasta Santiago con las restricciones a las que no ha obligado el coronavirus, se empieza a hablar de prorrogar el Año Santo del 2021 hasta el 2022. Aunque, según publicaba El Correo Gallego, sería el Vaticano quien tomara la decisión final respecto a esa propuesta.

Dios proveerá. ¡Buen camino!.