Durante su comparecencia ayer martes en el Senado, la ministra de Sanidad volvió a negar cualquier responsabilidad ante las últimas revelaciones del caso Gürtel.

Dice El Confidencial que «Mato se crece ante el clamor que pide su dimisión y se jacta del apoyo de Rajoy».

Nada que objetar a su derecho a utilizar la tribuna pública de la Cámara Alta para defenderse de las acusaciones de la oposición. Pero el apunte en esta moleskine vine a cuento por la forma en la que la ministra llegó y salió del hemiciclo de la Plaza de la Marina Española en Madrid.

Cuenta Luis Ángel Sanz en EL MUNDO que «Ana Mato entró totalmente rodeada por su equipo más próximo y por varios miembros del personal de seguridad de la Cámara para no enfrentarse a las preguntas de los periodistas. Al acabar su segunda tormenta parlamentaria en dos semanas, la titular de Sanidad se refugíó de nuevo en los escoltas y salió rápidamente del Senado». La noticia incluye esta fotografía de Alberto Di Lolli.

Así que ni al entrar ni al salir se paró para responder a los periodistas. Una vez más, el recurso al escudo humano. A mí las prisas. Tan importante es lo que ella pueda decir como lo que la gente pueda escuchar, y así difícilmente.

Más que una foto.  Un reflejo de sus acciones. Y en política las acciones son las que aportan valor al hacer político; aquí ninguno, más bien se lo restan. Hombres de traje gris. Una mirada de reojo como de «eh, eh, quietos ahí». Dos manos en primer plano que impiden, separan y marcan el territorio, comanche sin duda. Y detrás de las manos una carpeta negra, todo protege. Un micrófono logra acercarse a la ministra, un micrófono de color negro como la esperanza por la cercanía y la palabra debida. Pero había más escudos: la ropa. Ana Mato recurrió a su ya clásica chaqueta verde de doble botonadura en dorado (muy castiza) con blusa blanca. Y dos gestos.  Una sonrisa inexpresiva, a medio camino entre no se sabe muy bien qué. Y una mano, la derecha, que suelta ligeramente el escudo carpeta y con timidez parece decir «por favor, por favor».

El último apunte: cuanto más se aleja la ministra de los periodistas, más se aleja de los ciudadanos.

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