Hace más de 80 años y tras esas puertas, las de la Universidad de Salamanca, se habló de vencer, convencer y persuadir.

Que para qué convencer si se podía vencer y para qué vencer si lo mismo se lograba con convencer, pero que sin convencer se podía vencer, aún cuando nada se lograría sin persuadir…y así hasta que salieron a la puerta y todo quedó resumido en una fotografía que forma parte de la historia.

Y pasados esos 80 años y fuera de esas puertas se habla más de influir y persuadir. Más con los hechos que con las palabras. Aunque en política se sigue fiando, incluso hasta confiando, en las palabras como recurso principal.

Mientras que en comunicación se ha pasado de contar lo que haces a hacer lo que dices que haces. Nada mejor para persuadir e influir, para establecer una nueva relación con quien tienes enfrente, al otro lado, con quien escucha, lee o compra.

Pero de persuadir, de influir, a embaucar hay solo un paso, un gesto, una palabra…Y, últimamente, ese paso se da con demasiado frecuencia.